El Borrón y la mancha roja


Un hombre en la calle me habla sobre los pensamientos que lo atormentan. Cuando se asoman no puede encontrar una palabra para capturarlos. Deambulan amorfos. Reproduce un ruido parecido a una locomotora, haciendo un gesto que transcribe en la piel la contracción de su dolor. Espera que lo entienda, pero a mi pesar, en mi lugar de acompañante bonachón, no puedo hacerlo. Atino a decir que son pensamientos que suenan en un silencio ensordecedor. 


Desde algún lugar, por allá lejos, inhóspito. 


EL BORRÓN (The Blot, 2007) es una novela gráfica creada por TOM NEELY –el autor del fantástico blog I WILL DESTROY YOU– que opera en ese tipo de silencio. Amorfo, ambiguo, incómodo, ruidoso. Se trata de un cómic que cuenta una historia sin necesidad de hacer uso de la palabra, pero cuyo contenido se escucha tan fuerte como un grito. La novela muestra las desventuras de un hombre común, en escenas cotidianas graficadas cuadro por cuadro, que es perseguido por una mancha de tinta. Así de simple. A la vuelta de la esquina, entre la multitud, en la intimidad del baño, entre sus sábanas; una mancha, inhumana, sin límites claros, paranoica, metiéndose por cualquier agujero disponible. Una mancha muda, algo o alguien, en la simpleza aterradora de algo negro, ofrecida a ser leída en sus movimientos. 




En realidad, seamos objetivos, todos los cómics hacen uso de la narrativa por medio de sus imágenes. El Borrón, sin embargo, tiene algunas particularidades. En primer lugar, su autor reconoce la influencia de la pintura en su mudez. Dado que mis cómics son una extensión de mis pinturas, los pienso de un modo silencioso. Me gusta el uso ambiguo que tiene la imagen por sobre la definición que entrega la palabra en la narrativa. (1) En segundo lugar, el silencio es trabajado considerando el tiempo que requiere convocar la atención del lector para sumergirlo de lleno en la historia. Presté mucha atención a lo que podría ocurrir en algunas páginas. Traté de diseñar las páginas de modo que al pasarlas sean vistas en conjunto más que de modo individual. Usé muchas páginas en negro para añadir una pausa o un espacio entre algunos momentos –como ese punto en que el soñante se despierta del sueño. (...) Cuando trabajas en un cómic mudo, es importante calmar al lector para que pueda aprehenderlo todo. (...) Pienso que el ritmo es fundamental. (2) En tercer lugar, tal como lo han indicado muchas de las reseñas disponibles en la red, la novela aparece como algo excepcional por el tratamiento del silencio en aquellos temas sobre los cuales el lenguaje es devorado como lo son las estrellas frente a un agujero negro. Desconozco si la idea responde a una elección, pero lo cierto es que al no encontrar un texto de anclaje, el lector naufraga en una historia que toma tintes surrealistas en esa zona donde las palabras enloquecen, se tuercen, forman espirales, trenzas y nudos, borrándose en el abismo. Hablo de esa temible mancha que desespera al protagonista, dejándolo absorto y obligado a luchar contra sí mismo en los marcos de la trascendencia, la transformación y el encuentro con el otro sexo. 


Hasta perder el rostro. 
Y tener que usar un misterioso regalo que llega por correo.


Con la novela gráfica en mi almohada, justo al lado de mi celular expectante por alguna urgencia psiquiátrica, tengo un extraño sueño. Caminando por la ciudad, me encuentro con una exposición itinerante que guarda un mensaje escrito en un post-it amarillo, esperando para que lo encontrara. Adjunta una fecha precisa. Me reservo el contenido del mensaje, pero apenas despierto me recuerda la novela sobre esas pastillas que borran la memoria, en la que el protagonista descubre todos los días el mismo mensaje en su casilla de correo: vuelve, le dicen. Como él –con un tono de intriga romántico policial– me pregunto ¿quién lo envía? 


Desde algún lugar, por allá lejos, moribundo. 


Por las características del protagonista de El Borrón, una persona que podría ser cualquiera, sin presentar ningún rasgo que marque un tipo particular y sin adentrarse en los detalles de su vida privada, es fácil para el lector identificarse con su angustia paranoica. Sin embargo, cuando uno presta atención al lazo que se establece con la mancha de tinta, ese borrón en su biografía, tiendo a pensar que la compresión de la historia se puede torcer, suspendiendo la simpatía que genera el hombrecito, sintiendo lástima por sí mismo, abatido en su silla; hasta alcanzar el núcleo de una lucha, el tormento de una idea ambigua que deambula como mancha en las calles, buscando un lugar de reconocimiento que no le es permitido.




La idea del todo-hombre es resultado de mi frustración con otros personajes que he usado en el pasado. Tenía estos personajes antropomórficos que eran, en varios sentidos, autorretratos de mí mismo. Sin embargo, los personajes empezaron a desarrollar sus propias personalidades y comenzaron a restringir mi trabajo. Fue entonces que quise crear un tipo de hombre genérico, sin nombre, que pudiera hacer cualquier cosa; un personaje que pudiera representarme o aludir a cualquier persona. No obstante, cuando empecé la serie de pinturas con él, seguía sintiéndome asfixiado por el modo en que estaba trabajando. Allí fue cuando empecé a derramar tinta sobre las pinturas. Terminaba un cuadro, lo dejaba en el suelo y derramaba tinta al estilo Pollock para romper mi pretensión de construir un cuadro. Quería lograr un elemento aleatorio, abstracto, para anular, literalmente, partes de la pintura con el objetivo de liberarme de la rigidez de mi proceso común al pintar. Prontamente, estos borrones de tinta empezaron a tomar vida propia...(3)


Aquella mancha, no me cabe duda, es una alteridad que representa el encuentro salvaje de lo más íntimo viniendo desde el exterior. La potencia y la amenaza que se esconde en el barroco de la sinuosidad humana. El sonido de un pensamiento mudo, el misterio de un regalo, el autor de un mensaje onírico, la motosierra de un método. 


Frente al hombrecito común, la mancha de tinta, solitaria, autónoma y nodal en la tradición del cómic ¿qué tiene para decir?


-Nada oigo, excepto tu voz
James Joyce


En esa vía, no me parece casual que la única voz que se escucha en El Borrón corresponda al encuentro con el otro sexo. Cuando escribí la historia, quise que el personaje femenino tuviera una voz. Le entregué el poder disruptivo sobre el hombre para que trabajara como una fuerza que lo guía, pero también quise mostrarla como un intruso destructivo al interior de su mundo silencioso. (4)




EL BORRÓN 

Tengo la impresión que Tom Neely relata la angustia del encuentro con una alteridad que nos atormenta. Esa MANCHA ROJA que apareció misteriosamente en la calle donde vivo, que siento próxima, que me obliga a mirarla todos los días, que me seduce hasta el punto de ir a dejarle flores, como si se tratara de una mancha de sangre que quedó a causa de un suicidio perdido en el túnel del tiempo. Es lo que leo de la historia, lo que encuentro en mi mancha roja y la situación que hallamos en la hermosa adaptación que Tom Neely realizó para Popeye bajo el nombre de DOPPELGÄNGER. Doppelgänger, el vocablo alemán para definir el doble fantasmagórico de una persona viva, el que camina al lado, la siniestra percepción de algo que anuncia la propia muerte. El doble, de hecho, copia fiel del hombrecito, está dibujado en el desenlace de El Borrón, transitando el modo en que una mancha-borrón gana terreno y adquiere forma para apoderarse de la vida de alguien.




Desde algún lugar, por allá lejos, aquí mismo.


Hasta volverse cómic.

TOM NEELY nació en 1975 en París, Texas. Cuando tenía seis años, su abuela le regaló un montón de cómics del ratón Mickey dibujados por FLOYD GOTTFREDSON. Tom pronto descubrió que quería ser dibujante de cómics. Pocos años más tarde, descubrió a René Magritte y se entretuvo con las Bellas Artes. Mientras estudiaba pintura en el Instituto de Arte de San Francisco, Tom redescubrió su amor por los cómics y empezó a pintar, incluyendo en sus cuadros a personajes de cómics. Seis años más tarde publicó El Borrón, su primera novela gráfica. (5) Hasta la fecha su trabajo incluye El Borrón (2007) Doppelgänger (2010) HENRY AND GLENN FOREVER (2009) y THE WOLF (2011) entre otros títulos. 


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(1) Entrevista a Tom Neely por Tom Spurgeon. (2) Idem. (3) Idem. (4) Idem. (5) Biografía de Tom Neely en El Borrón. La Cúpula, 2009. 

Inservi Deo Et Laetare



Inservi deo et laetare & Nom sum qualis son dos exposiciones realizadas por Doug Jones (Londres, 1967) en la Galería Ceri Hands (Liverpool) en el año 2008 & en la Galería Exeter Phoenix (Exeter) en el 2009. Según el autor, miembro del coro de la catedral anglicana durante su infancia, proveniente de una familia de tradición masónica, fascinado por los trajes de ceremonias que su padre guardaba en el cajón de su estudio, habituado a una biblioteca de libros con códigos secretos y hechizado desde pequeño por la inmensidad que se respira en la estética de los templos religiosos; ambas muestras enseñan la dinámica sostenida por de la Hermandad de los Santos –Brotherhood of Saints, BHS. La BHS (fundada en 1537) es una organización de caridad dedicada a trabajar bajo una ideología y reglamentos sumamente complejos y secretos; conformada por diez santos consagrados a cumplir su misión. Mediante la confección de 21 trajes bordados a mano, exponiendo el resultado en figuras a escala humana, dispuestas espacialmente para develar los lazos rituales que reúnen a la hermandad; las muestras retoman el misterio olvidado que transmiten las antiguas agrupaciones humanas orientadas a lo divino, sus magníficos trajes, el cuidado de sus códigos y las oscuras prácticas sostenidas a puertas cerradas. Doug Jones explícita su interés: ¿qué pasa con nuestra individualidad cuando nos inscribimos en un colectivo y empezamos a vestir su uniforme? Por cierto, podemos recibir el confort social de integrarnos, pero ¿qué hay cuando todo allí se vuelve desagradable? Según se describe en el catálogo de ambas exposiciones, las túnicas de los santos revelan símbolos comunes de la cultura popular, su biografía está plagada de detalles irónicos y su líder finalmente parece agrupar una tropa de simples humanos uniformados; denigrando el enigma de la hermandad hasta un plano terrenal invisible por el manto del secreto colectivo. Lo divino se eleva para caer -de la mano del humor negro del autor- como una santa mierda. Ya lo decía Martín Lutero: ustedes son el desecho que cae al mundo por el ano del diablo.


Jones sigue mostrando la dinámica de la Hermandad este año en el MAC de Birmingham con la muestra Alieni iuris.

Horror Hospital Unplugged


Horror Hospital Unplugged (Dennis Cooper + Keith Mayerson; Juno Books, 1996) llegó a mis manos por la búsqueda en una librería de cómics ubicada en el subsuelo de una galería porteña. Me esperaba junto a otras reliquias dispuestas en el último eslabón de una estantería, casi en el piso, llena de libros embolsados cubiertos de polvo. La bodega a la vista de cualquier cliente con la paciencia para husmear en lo que fácilmente se ve, aunque difícilmente se encuentra.

Pienso que estas búsquedas tienen algo de arqueológico, algo de la actitud de un ratón de biblioteca; pero sobretodo, el tinte de una investigación criminal. No lo digo porque los investigadores se dediquen a buscar en los mejores escondites, sino porque los buenos (Dupin, Holmes) nos enseñan que los secretos se buscan en los lugares más evidentes. Tal como pasó con aquella carta robada que incriminaba a la reina de alguna cosa que pondría en peligro su posición, escondida en casa del ladrón, arriba de la chimenea, en el tarjetero donde van las cartas, apenas disimulada por un leve cambio en su presentación. Dupin lo decía: quizás sea la sencillez del enigma la que nos induce al error.

A pesar de haber revisado la misma tienda de la misma forma muchas veces, por el hecho de suponer que cada vez que entro cuento con información nueva capaz de guiarme de manera distinta -ganándome el odio de los vendedores que nunca me recuerdan, tal vez por lo insignificante de mis compras, quizás por el tiempo infinito y silencioso que toma mi objetivo, probablemente porque revuelvo los libros, o simplemente, lo más seguro, porque me comporto como un enfermo mental- puedo asegurar que nunca había visto ese libro allí.

Sin embargo, siempre lo estuvo.

No pienso que la búsqueda sea la única forma del encuentro. En ocasiones, los objetos caen a las manos por causas oscuras. El dios de los brujos, por ejemplo, se vino encima de mi torpeza cuando sacaba un libro de crítica antropológica del estante de una librería.

Horror Hospital Unplugged, al contrario, fue un encuentro intencional. Pasando por el estante de los rezagados, hallé dos copias que los vendedores no sabían que tenían, pero que (esto es sorprendente) ni siquiera podían decirme qué eran. Negándose a abrirlas para ver su interior (no debo parecer una persona que compre algo) titubearon en afirmar que se trataba de una compilación de fanzines californianos. ¿Me están engañando, no? Bueno ¿Dennis Cooper? Me lo llevo. En casa, me enteré que la compilación de fanzines era en realidad la primera edición de una novela gráfica publicada en 1996. Adviertan que son más de diez años guardados en una bolsita: la satisfacción del hallazgo no tiene precio.

He escuchado a muchos extranjeros sorprendidos por tropezar, en los misterios que guardan los recovecos de esas galerías céntricas, cosas inconseguibles en sus países de origen. Objetos descontinuados, importados por las tiendas que servían de pivote fetichista cuando no era tan fácil comprar por la red; pero que por alguna razón, fueron olvidados allí mismo, guardando su olor hasta que alguien (que abre las bolsas) los descubre.


Horror Hospital Unplugged es la adaptación de una historia escrita por Dennis Cooper en los inicios de su carrera literaria, transformada en novela gráfica por el trabajo ilustrativo de Keith Mayerson. El texto original (Introducing Horror Hospital) fue publicado por fragmentos en 1985 en el fanzine queercore de origen canadiense J.D.s (Bruce LaBruce + G. B. Jones).

La novela relata la historia de Trevor Machine. Un flaco enfrentado al despertar atolondrado de su sexualidad que todos se quieren coger (entre drogas, en efecto lo hacen) a pesar de él mismo. Mientras eso sucede, en su cabeza sólo existe la preocupación por llevar la banda donde canta (Horror Hospital) desde los clubes malolientes de Los Ángeles hasta las grandes ligas discográficas. Entre fiestas, culpable de asumir su incipiente gusto por los hombres, Trevor empezará un romance secreto (que todos saben) con un chico dulzón (Tim) con los cojones suficientes para besarlo en público, pero que sufre en silencio su rechazo ante los demás. Un clásico de la vida homosexual graficado en la versión de un cantante con actitud de banda independiente que deambula por el circuito underground. Como sea, lo realmente divertido empieza cuando el protagonista asiste a la muerte de River Phoenix en el Viper Room, sufriendo un impacto que se redoblará con la visita del fantasma del actor para advertirlo de su futuro, con tres mensajes de alto calibre espiritual.

James Newlin escribió un breve artículo (Gimme gimme this, gimme gimme that: Confused sexualities and genres in Cooper and Mayerson's Horror Hospital Unplugged) que lleva la inspiración de la historia a Darby Crash, el cantante de The Germs, una banda punk de Los Ángeles activa desde 1977 hasta el suicidio de Crash en 1980. De hecho, Introducing Horror Hospital comienza con un recital donde Horror Hospital toca antes que la banda que formó Crash durante una separación de The Germs: Darby Crash Band. Sin embargo, Newlin afirma que más allá del guiño, las vidas de ambos personajes transmiten la misma sensación: son vocalistas de una banda de rock que transitan por la vida con los pseudónimos del personaje que han creado, actuando de forma tan errática que terminan por sabotearse a sí mismos. Y de manera más clara, ambos ocultan su homosexualidad tras un discurso de abstinencia teórico-nihilista, ejerciéndola en los límites que van desde las orgías drogadictas hasta el romance más puro. De un extremo al otro, sin punto medio.




Aunque Introducing Horror Hospital & Horror Hospital Unplugged son versiones de un relato que mantiene idéntico el nudo central de la historia, el cambio de formato aprovechó de realizar algunas modificaciones.

A nivel de contenido, los hechos se desplazaron de principios de los ochentas a mediados de los noventas. En el nuevo título hay una referencia obvia a la cultura de un MTV adorando la movida independiente. Unplugged, en ese sentido, es una palabra-bisagra que bien puede hacer una referencia simple al canal de televisión más visto en esa década, pero que en el caso de una historia marcada por la muerte, lleva a pensar en la presentación de Nirvana antes del suicidio de Kurt Cobain. De hecho, Pat Smear (guitarrista de The Germs) fue invitado a la gira de In Utero y tocó con la banda en su sesión unplugged antes de unirse a Foo Fighters. Nirvana MTV Unplugged. Tres palabras que sirven para convocar la oscuridad en la que desembocó la alegre euforia independiente de los noventas. No digo sólo por Kurt Cobain, a mi me gustaba Alice in Chains, aunque encontraba atractivo al vocalista de Blind Melon. Cosas que pasan cuando la masa insiste por revelar los secretos, a pesar de nuestras advertencias.

Yes, everyone is gay.

En un análisis detallado, James Newlin acentúa los cambios en el discurso de la homosexualidad. A principios de los ochentas, en la escena que fuera, no existía ni la aceptación ni las mismas categorías discursivas sobre ella. Habían clubes más divertidos, es cierto, una escena oculta que aun se mantiene en el inframundo de cualquier ciudad, pero ese es otro cuento. Por efecto del paso de una década, Trevor enfrenta su sexualidad de forma distinta. Allí donde en Introducing Horror Hospital niega completamente una identidad sexual, diez años más tarde puede decir que se siente queer: I’m not sure, I’m queer anyway, cause… uh, I’m an individual, you know, and not a… uh, category. Y al final, frente a la angustia que le genera enterarse de la muerte de su novio (a quien nunca se atrevió a decirle que lo amaba; entre paréntesis, les acabo de contar el final) donde en los ochentas afirma vagamente que escuchó malas noticias, en los noventas se permite decir: I just found out something I can’t… My boyfriend’s dead.


A nivel del formato, se realizan los cambios más interesantes. La intervención de Keith Mayerson no se limitó a ilustrar la historia, sino que apostó a transmitir en la traducción de letras a imágenes, la sensación que se genera como efecto (en todo libro) de la articulación, temporalidad e inflexión de los párrafos. Utilizando patrones que evocan el ambiente de la escena underground americana (collages, ilustraciones a tinta, líneas simples, confusas, sobreexposiciones) son imágenes que abogan a algo más que el desarrollo de una historia cerrada sobre sí misma: aquí el soporte del contexto es importante. Asimismo, la composición de cada ilustración, en cada momento de la historia, se modifica según las puntadas del relato: psicodelia en las fiestas de drogas ácidas, animación japonesa en la pureza del romance, caos de tinta en las revelaciones fantasmáticas, oscuridad en los puntos de angustia. No es algo que sorprenda habiendo leído la entrevista de Cooper a Pettibon: la imagen no debe ilustrar su texto, sino funcionar en conjunto, estimulando la zona donde las ideas se encuentran en estado naciente.

Horror Hospital Unplugged enfrenta el problema de la identidad en la estructura misma de su presentación. Newlin afirma que si bien el libro es presentado como una novela gráfica, resiste cualquier identificación a un género preciso. En su impresión, coquetea con la forma que adopta un catálogo de arte, una pieza de colección, un fanzine y un cómic independiente; en el contexto de una movida que resiste a cristalizarse en la identidad punk o alternativa; con un protagonista que sólo en ocasiones se identifica a si mismo como gay. En su opinión, es una estructura que le hace perder coherencia, pero tiendo a pensar lo contrario: hace del espíritu del relato una realidad palpable.

En efecto, creo que el libro funciona. Si quieren saberlo, me angustié cuando lo leí, pasando las páginas, a través de las imágenes, algunas simplemente negras, sintiendo la impotencia de perder una oportunidad, para siempre. Aunque el fantasma de River Phoenix te lo advirtiera. Digo, más allá de decir una palabra concreta, hablo de la actitud ante el encuentro, cualquiera sea éste, aunque dure sólo un instante. No es una enseñanza, el libro no es una puta fábula, sino una buena historia del encuentro y el desencuentro: con el éxito, los fantasmas, las revelaciones, el romances, el fracaso y con la muerte.

Entremedio: Courtney Love, engañada para grabar un sencillo de la banda; River Phoenix, resucitando como un fantasma iluminador; David Geffen, poniendo el ojo en la posibilidad de ganar millones con una nueva banda.

Horror Hospital Unplugged (Dennis Cooper + Keith Mayerson) fue reeditado por Harper Perennial el 2011. Funny, profane and touching… Horror Hospital Unplugged graphically details the ever-present social white noise of sexual desire, the frustration and possibilities of love, and the sudden calamity of loss.

3DC

No bastándoles con compilar imágenes infernales, Le Dernier Cri sube la apuesta del deliro: su nuevo libro tendrá que verse con aquellos lentes para tres dimensiones que usábamos en nuestra infancia retrofuturista. En la imagen: Stu Mead, Craoman, Marthes Batori, Fredox. En el libro: Pakito Bolino, Andy Bolus, Keenan Marshall Keller, Tomawak, Remi, entre otros. Próximo lanzamiento en la muestra 3DREVOLUTION! del Festival Crack! en Italia. 

KAWAii Fredox


Fredox (Francia, 1968) es un artista autodidacta conocido por sus collages. Su trabajo ha sido compilado en publicaciones colectivas e individuales a cargo de Le Dernier Cri: Hôpital Brut /2011-1997, Kawaii 731 /2010, Les dossiers noirs de l’histoire /2001,  Bonjour bonheur /1996. Ha realizado portadas de discos, afiches de festivales de cine, e impulsó, junto a Laeticia Brochier, el mítico fanzine francés Stronx. En sus collages manipula imágenes de documentos históricos, archivos médicos, revistas de circulación masiva, pornografía e insertos publicitarios. Lo esencial en mi trabajo es el hecho de tomar imágenes que ya existen, que son accesibles para cualquiera y las hago hablar (…) A veces mi trabajo genera reacciones violentas en otras personas, lo que es comprensible; sin embargo, me interesa decir que las fuentes de las que me sirvo son reales, conciernen a verdaderos cadáveres, lo que es chocante y escandaloso es que yo pueda tener acceso a tantas imágenes de ese tipo. (Fredox, 2001) Composiciones que no son un calco de la realidad, montajes que pueden utilizar una técnica manual o digital, pero donde ningún elemento es artificial. Todo lo que encuentra lugar en sus collages ya estuvo en sus cabezas antes, sólo que Fredox expone un modo de poner a trabajar explícitamente y de manera original su reunión. Para quien le interese seguir su trabajo, los tres primeros collages son extraídos de su más reciente libro KAWAii 731 (Le Dernier Cri, 2010). Fredox, visitando la real ternura del oriente nuclear.  

Postdata.-
Kawaii es un adjetivo del japonés que puede ser traducido al castellano como encantador y que se usa para nombrar una vertiente de la cultura popular que proviene de aquellas tierras.