Aquí se fabrican horrores




/Fragmento Modificado

Saló enseña cómo puede llegar a actuar el poder. Quizás sin intención, su estilo es una de las estrategias menos advertidas que puede usar el poder. Muchas veces, cuando éste se analiza, se suele prestar demasiada atención a lo que se dice, al aspecto discursivo que enuncia ciertas cosas; pero en algunas ocasiones, el punto está en cómo se logra que aceptes obedientemente –con cierto placer incluso– cuestiones que antes dirías aborrecer.

Por eso, encuentro interesante que la película genere un clima de irrealidad para hacer al espectador más tolerante, obligándolo a traspasar sus límites, controlando su excitación para que las imágenes no lo choquen del todo; en algún sentido, forzándolo a pedir más ¡Más! El poder también puede operar así, usando un montaje para permeabilizar los cuerpos a sus efectos, excitándolos de modo que pueda penetrarlos con su discurso, manejando el erotismo con una táctica silenciosa pero violenta, que no percibimos cuando ocurre. Permítanme un par de metáforas groseras que aclararán un poco la crudeza de las cosas. Es como cuando en una relación sexual estás tan excitado, que cualquier palabra que el otro diga será respondida con un si, si, pero sigue. O también, en la misma situación, usar la antigua táctica de solamente la puntita. Tal cual, el poder introduce lentamente su punta en un clima irreal, controlando la excitación de un cuerpo que finalmente pedirá ser cogido por él. De improviso, te la metieron por completo. Y lo peor, te empieza a gustar.

Nos han jodido, literalmente.

Extracto de un texto que escribí a propósito de Saló de Pasolini
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