Un ladrón de pensamientos, sí.

Lo que más me reconcilia con mi propia muerte es la imagen de un lugar: un lugar en el que tus huesos y los míos sean sepultados, tirados, desenterrados todos juntos. Allí estarán desperdigados en confuso desorden. Una de tus costillas reposa contra mi cráneo. Un metacarpio de mi mano izquierda yace dentro de tu pelvis -como una flor, recostado en mis costillas rotas, tu pecho-. Los cientos de huesos de nuestros pies, esparcidos como la grávida. No deja de ser extraño que esta imagen de nuestra proximidad, que no representa sino mero fosfato de calcio, me confiera un sentimiento de paz. Pero es así. Contigo puedo imaginar un lugar donde ser fosfato de calcio es suficiente.

John Berger, Páginas de la herida.

7 comentarios:

distimium dijo...

Primera vez que paso por este blog. Me gustó muchísimo. Saludos!

Nicolás dijo...

Gracias.

distimium dijo...

Gracias a vos. Estoy haciendo un pequeño trabajo con las canciones que aparecen en la novela "Guía" de Dennis Cooper.
Tu blog me gusta mucho de verdad. Te puse entre mis enlances.
Espero que me visites en distimium.blogspot.com

y me escribas cuando quieras
distimium@gmail.com

Un abrazo.

ab grund dijo...

¡por Diox grund, que lindo texto!!

Nicolás dijo...

Una segunda lectura -más romántica- para la paz de un campo de cadáveres.

NAT dijo...

HE VUELTO AL BLOG.QUE ONDA?

Alvaro dijo...

Alucinante Leoni,buena elección y felicidades por el blog, está del Carajo