Lo que más me reconcilia con mi propia muerte es la imagen de un lugar: un lugar en el que tus huesos y los míos sean sepultados, tirados, desenterrados todos juntos. Allí estarán desperdigados en confuso desorden. Una de tus costillas reposa contra mi cráneo. Un metacarpio de mi mano izquierda yace dentro de tu pelvis -como una flor, recostado en mis costillas rotas, tu pecho-. Los cientos de huesos de nuestros pies, esparcidos como la grávida. No deja de ser extraño que esta imagen de nuestra proximidad, que no representa sino mero fosfato de calcio, me confiera un sentimiento de paz. Pero es así. Contigo puedo imaginar un lugar donde ser fosfato de calcio es suficiente.
John Berger, Páginas de la herida.
7 comentarios:
Primera vez que paso por este blog. Me gustó muchísimo. Saludos!
Gracias.
Gracias a vos. Estoy haciendo un pequeño trabajo con las canciones que aparecen en la novela "Guía" de Dennis Cooper.
Tu blog me gusta mucho de verdad. Te puse entre mis enlances.
Espero que me visites en distimium.blogspot.com
y me escribas cuando quieras
distimium@gmail.com
Un abrazo.
¡por Diox grund, que lindo texto!!
Una segunda lectura -más romántica- para la paz de un campo de cadáveres.
HE VUELTO AL BLOG.QUE ONDA?
Alucinante Leoni,buena elección y felicidades por el blog, está del Carajo
Publicar un comentario en la entrada