Pienso que estas búsquedas tienen algo de arqueológico, algo de la actitud de un ratón de biblioteca; pero sobretodo, el tinte de una investigación criminal. No lo digo porque los investigadores se dediquen a buscar en los mejores escondites, sino porque los buenos (Dupin, Holmes) nos enseñan que los secretos se buscan en los lugares más evidentes. Tal como pasó con aquella carta robada que incriminaba a la reina de alguna cosa que pondría en peligro su posición, escondida en casa del ladrón, arriba de la chimenea, en el tarjetero donde van las cartas, apenas disimulada por un leve cambio en su presentación. Dupin lo decía: quizás sea la sencillez del enigma la que nos induce al error.
A pesar de haber revisado la misma tienda de la misma forma muchas veces, por el hecho de suponer que cada vez que entro cuento con información nueva capaz de guiarme de manera distinta -ganándome el odio de los vendedores que nunca me recuerdan, tal vez por lo insignificante de mis compras, quizás por el tiempo infinito y silencioso que toma mi objetivo, probablemente porque revuelvo los libros, o simplemente, lo más seguro, porque me comporto como un enfermo mental- puedo asegurar que nunca había visto ese libro allí.
Sin embargo, siempre lo estuvo.
No pienso que la búsqueda sea la única forma del encuentro. En ocasiones, los objetos caen a las manos por causas oscuras. El dios de los brujos, por ejemplo, se vino encima de mi torpeza cuando sacaba un libro de crítica antropológica del estante de una librería.
Horror Hospital Unplugged, al contrario, fue un encuentro intencional. Pasando por el estante de los rezagados, hallé dos copias que los vendedores no sabían que tenían, pero que (esto es sorprendente) ni siquiera podían decirme qué eran. Negándose a abrirlas para ver su interior (no debo parecer una persona que compre algo) titubearon en afirmar que se trataba de una compilación de fanzines californianos. ¿Me están engañando, no? Bueno ¿Dennis Cooper? Me lo llevo. En casa, me enteré que la compilación de fanzines era en realidad la primera edición de una novela gráfica publicada en 1996. Adviertan que son más de diez años guardados en una bolsita: la satisfacción del hallazgo no tiene precio.
He escuchado a muchos extranjeros sorprendidos por tropezar, en los misterios que guardan los recovecos de esas galerías céntricas, cosas inconseguibles en sus países de origen. Objetos descontinuados, importados por las tiendas que servían de pivote fetichista cuando no era tan fácil comprar por la red; pero que por alguna razón, fueron olvidados allí mismo, guardando su olor hasta que alguien (que abre las bolsas) los descubre.
La novela relata la historia de Trevor Machine. Un flaco enfrentado al despertar atolondrado de su sexualidad que todos se quieren coger (entre drogas, en efecto lo hacen) a pesar de él mismo. Mientras eso sucede, en su cabeza sólo existe la preocupación por llevar la banda donde canta (Horror Hospital) desde los clubes malolientes de Los Ángeles hasta las grandes ligas discográficas. Entre fiestas, culpable de asumir su incipiente gusto por los hombres, Trevor empezará un romance secreto (que todos saben) con un chico dulzón (Tim) con los cojones suficientes para besarlo en público, pero que sufre en silencio su rechazo ante los demás. Un clásico de la vida homosexual graficado en la versión de un cantante con actitud de banda independiente que deambula por el circuito underground. Como sea, lo realmente divertido empieza cuando el protagonista asiste a la muerte de River Phoenix en el Viper Room, sufriendo un impacto que se redoblará con la visita del fantasma del actor para advertirlo de su futuro, con tres mensajes de alto calibre espiritual.
Aunque Introducing Horror Hospital & Horror Hospital Unplugged son versiones de un relato que mantiene idéntico el nudo central de la historia, el cambio de formato aprovechó de realizar algunas modificaciones.
A nivel de contenido, los hechos se desplazaron de principios de los ochentas a mediados de los noventas. En el nuevo título hay una referencia obvia a la cultura de un MTV adorando la movida independiente. Unplugged, en ese sentido, es una palabra-bisagra que bien puede hacer una referencia simple al canal de televisión más visto en esa década, pero que en el caso de una historia marcada por la muerte, lleva a pensar en la presentación de Nirvana antes del suicidio de Kurt Cobain. De hecho, Pat Smear (guitarrista de The Germs) fue invitado a la gira de In Utero y tocó con la banda en su sesión unplugged antes de unirse a Foo Fighters. Nirvana MTV Unplugged. Tres palabras que sirven para convocar la oscuridad en la que desembocó la alegre euforia independiente de los noventas. No digo sólo por Kurt Cobain, a mi me gustaba Alice in Chains, aunque encontraba atractivo al vocalista de Blind Melon. Cosas que pasan cuando la masa insiste por revelar los secretos, a pesar de nuestras advertencias.
Yes, everyone is gay.
En un análisis detallado, James Newlin acentúa los cambios en el discurso de la homosexualidad. A principios de los ochentas, en la escena que fuera, no existía ni la aceptación ni las mismas categorías discursivas sobre ella. Habían clubes más divertidos, es cierto, una escena oculta que aun se mantiene en el inframundo de cualquier ciudad, pero ese es otro cuento. Por efecto del paso de una década, Trevor enfrenta su sexualidad de forma distinta. Allí donde en Introducing Horror Hospital niega completamente una identidad sexual, diez años más tarde puede decir que se siente queer: I’m not sure, I’m queer anyway, cause… uh, I’m an individual, you know, and not a… uh, category. Y al final, frente a la angustia que le genera enterarse de la muerte de su novio (a quien nunca se atrevió a decirle que lo amaba; entre paréntesis, les acabo de contar el final) donde en los ochentas afirma vagamente que escuchó malas noticias, en los noventas se permite decir: I just found out something I can’t… My boyfriend’s dead.
Horror Hospital Unplugged enfrenta el problema de la identidad en la estructura misma de su presentación. Newlin afirma que si bien el libro es presentado como una novela gráfica, resiste cualquier identificación a un género preciso. En su impresión, coquetea con la forma que adopta un catálogo de arte, una pieza de colección, un fanzine y un cómic independiente; en el contexto de una movida que resiste a cristalizarse en la identidad punk o alternativa; con un protagonista que sólo en ocasiones se identifica a si mismo como gay. En su opinión, es una estructura que le hace perder coherencia, pero tiendo a pensar lo contrario: hace del espíritu del relato una realidad palpable.
En efecto, creo que el libro funciona. Si quieren saberlo, me angustié cuando lo leí, pasando las páginas, a través de las imágenes, algunas simplemente negras, sintiendo la impotencia de perder una oportunidad, para siempre. Aunque el fantasma de River Phoenix te lo advirtiera. Digo, más allá de decir una palabra concreta, hablo de la actitud ante el encuentro, cualquiera sea éste, aunque dure sólo un instante. No es una enseñanza, el libro no es una puta fábula, sino una buena historia del encuentro y el desencuentro: con el éxito, los fantasmas, las revelaciones, el romances, el fracaso y con la muerte.
Entremedio: Courtney Love, engañada para grabar un sencillo de la banda; River Phoenix, resucitando como un fantasma iluminador; David Geffen, poniendo el ojo en la posibilidad de ganar millones con una nueva banda.



5 comentarios:
Te llevaste los dos ejemplares?
No, quedó uno, fue hace dos años atrás más o menos, quizás sigue ahí.
muy bueno nico! un placere leerte, me encantan tus notas, temáticas, estilo, todo.
hace rato que quiero leer algo de dennis cooper. acá se consiguen unos libros traducidos por anagrama pero no estoy seguro de si quiero leerlo traducido y no tenía plata para comprarlos afuera.
leiste otros libros? por donde debería empezar?
Hace un tiempo atrás hice una entrada sobre D. Cooper aquí. No sé bien por dónde se debería empezar. Los dos primeros libros que leí de él fueron Contaco & Cacheo, ambos por Anagrama; pero lo que realmente me hipnotizó de su escritura fue su blog. Uno de esos dos -ahora no recuerdo bien cuál- tiene historias cortas que se van entrelazando, ese fue el que más me gustó. Después de leer esta novela gráfica, conseguí Un cabo suelto... es el único que no recomendaría, ni para empezar ni para nada.
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